No pretendo ser el más veloz,ni el más habilidoso. No llevo cuentakilómetros. Tan solo quiero disfrutar de mi bicicleta y de los parajes por donde pedaleo para poder mostrarlo al mundo. Dos Pedales,rutas largas por la naturaleza y la historia. Bikepacking: cicloturismo ultraligero. Bayern (Alemania)...

14/4/16

Las crónicas de Jose María: 3ª Corre per l´autisme

Dos de abril. Día Mundial de Concienciación sobre el Autismo. Caía en sábado, perfecto para mí. Aunque hubiese trabajado podría haber ido, ya que era muy buena hora que me permitía descansar bien la noche anterior y no ir justo después de correr a trabajar. Pero la suerte estaba de mi lado, y coincidió con unos días libres que tenía, así que podía disfrutarla al máximo.

Éste año me he propuesto no participar en muchas, salvo un par que tengo marcadas en calendario. He tenido algún desengaño con algunas en las que corrí, pero muy buenos recuerdos de otras, y siempre tienen algo en común: son carreras populares. La gente que las organiza, lo hacen desde el corazón, y se nota. Una semana antes ya me inscribí en ésta 3ª Corre per l'autisme (corre por el autismo), y además, era solidaria! 
La asociación Viu Autisme está detrás de ella:  http://viu-autisme.blogspot.de/p/qui-som_26.html

Por: Jose María Alcaraz
El día previo a una carrera, siempre me pasa igual. Nerviosismo. Las preguntas que te haces una y otra vez. Habrá sido suficiente como me he preparado? Y el picor de pies...sí, sí, no es un picor literal. En alguna parte leí que le llaman “el síndrome de los pies locos”, y notas como un hormigueo y tienes ganas de trotar, correr, subir cuestas, bajar a toda mecha. Como ya escribió una vez Marciano Durán: "están locos...yo los he visto".

La noche anterior me costó dormir, de la emoción. Muchos conocerán la sensación, es como saber que algo grande va a pasar al día siguiente. Tal vez conozcas a tu ídolo, vas a estrenar una bicicleta, vas a poder ver a un amigo que hace tiempo que no ves; pues similar es la sensación previa a participar en una carrera.

Y aún no había amanecido que ya tenía los ojos abiertos. Hasta me desperté antes que el peludo, así que nada...vestirse, salir a dar un paseo con él y desayunar ambos.

Iba tan bien de tiempo y aprovechando que el evento era en el pueblo de al lado, que hasta fui trotando hasta allí para ir calentando y sumar algunos kilómetros en las piernas.

Cuando llegas a recoger el dorsal y ves a los que van a correr, es como ver una película del oeste. La típica escena en la que un pringadillo abre la puerta de la taberna, entra, y todos se le quedan mirando. Y todos se miran unos a otros, midiéndose...y en breve sabes que se va a liar una bien gorda, pero nadie le va a dar al pianista. 

Recogida de dorsales.
Por otro lado, está la parte buena. Sueles ver a gente que en otras circunstancias no los verías. Son asiduos de carreras. Hablas con ellos, comentas el recorrido, sueltas algún bulo aunque te cazan al vuelo (“no, no, yo no he entrenado nada...”) ya que ellos también conocen las reglas del juego.

Se acercan los minutos para la salida y empiezas a calentar. Trotas un poco, algún sprint caótico, mover en general el cuerpo y vas a posicionarte en la salida. Suelo ponerme atrás, no me gusta entorpecer delante ya que sé que soy como un tractor, voy haciendo a mi ritmo. Además, esto me permite unirme a grupos que son más o menos de mi ritmo y nivel.

Bang! Empezamos! Hay de los que salen a toda mecha por que tienen ésa facilidad, y sabes que son los que acabarán en los primeros puestos. Otros salen a su ritmo, como yo, mejor ir devorando kilómetros lento pero fiablemente. Y los últimos, no por ello merecen menosprecio, sino admiración, los que caminan (por una razón u otra), pero que muchas veces acaban adelantándote en algún tramo de subida complicado mientras silban o charlan amistosamente con el grupo que integran. Diferentes estilos, no por ello mejores ni peores. Cada uno corre o camina como quiere o puede, lo importante es que se mueven.

Con mi "grupo".
Los primeros tres kilómetros y medio transcurrirían tranquilos, ya que el perfil del terreno era llano. Muy poco asfalto para entrar de lleno en las pistas de tierra. Al poco de empezar me cruzo con una voluntaria, corredora de larga distancia, y me hizo mucha ilusión los ánimos que me dió. 

Después de ésto, pasamos por delante de mi anterior trabajo, y allí tanto mi antiguo jefe y el que fue mi compañero (y actual amigo y camarada de fatigas corriendo) estaban también animándome al pasar. Eso, si alguna vez lo vivís o lo habéis vivido, da un subidón de energía con el que puedes enfrentarte a lo que sea.

Poco a poco voy pasando a los valientes que habían venido ésa mañana. En éste punto, me enganché al que sería “mi” grupo. Una madre con sus dos hijos (un chico y una chica). Llevaban muy buen ritmo, me era asequible seguirlo y me llevaban con facilidad.

Comenzaba lo bueno justo en el avituallamiento. Venía la única pendiente que habría en la carrera. Pocos días antes había venido con Manel, mi amigo, a testearla y a ver una bonita serpiente que tomaba el sol en el sendero de subida. Pero volvamos al tema, que me desvío fácilmente si hablo de animales y flora. 


Adopto mi ritmo de tractor, el diésel que es duro, lento y fiable. Al pasar los metros, consigo dejar atrás a mi grupo de referencia, y después a otro chico más. Era sólo cien metros de desnivel positivo a subir, en un kilómetro de distancia, pero qué subida!

Alcanzada la cumbre, venía lo que más se disfruta, la bajada! Sólo un pequeño tramo no lo conocía bien, el resto lo tengo bastante controlado ya que es una las zonas por las que más me gusta salir a trotar. Hice toda la bajada sin escuchar a nadie detrás mío. Soy pésimo cuando se trata de ésto, y siempre voy en reserva para no cargarme mucho de mis maravillosas (nótese el tono irónico) articulaciones y espalda.

Dos últimas rectas, separadas por un ángulo de noventa grados. Justo al pasar el “codo”, veo que la niña del grupo que deje atrás me pasa en un sprint asombroso, fue corriendo detrás mío todo el tiempo como una flecha! Genial! Me gusta que haya gente tan fascinante de la que aprender de todo.


Ella pasa el arco de meta seguida de mí. Treinta y cinco minutos y veintiún segundos.
Paso a recoger la bolsa del corredor y me quedo a animar a los que van llegando a meta...campeones todos. Era un día en el que todos éramos vencedores.

Consigo llegar a hablar con la madre y los hijos que corrían juntos, “mi” grupo, y les felicito por como han corrido, y sobretodo, felicito a la niña por el pedazo de sprint arrollador que hizo para llegar a meta.

En mi opinión, en éste día, no había ganadores o perdedores. Ninguno de los que estábamos allí gastando zapatilla éramos protagonistas. Los héroes del día eran los niños con autismo y, como no, los padres que están con ellos y “corren” una auténtica ultramaratón cada día...y salen airosos, y no pierden la sonrisa ni la fuerza.

Quedaba volver a casa, que aproveché para hacer trotando tranquilo y sin prisa. Pasar una buena mañana es fácil.

Desde aquí aprovechar para felicitar la labor desempeñada por todo el voluntariado y a la asociación Viu Autisme. Gracias por permitirnos pasar una gran jornada con lo que nos gusta.



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