No pretendo ser el más veloz,ni el más técnico. Sin cuentakilómetros. Únicamente disfrutar de mi bicicleta,los lugares recorridos y poder mostrarlo al mundo.
Dos Pedales: rutas largas por la naturaleza y la historia. Rutas por la Comunidad Valenciana y Galicia (España), también Baden Württemberg y Bayern (Alemania)...

6/8/15

Corazón peregrino y viajero: Marrakech parte III: Contrastes

Siempre cuando leo algo sobre Marrakech en internet, noto que lo que más se comenta es la pesadez de los “conseguidores” que te ofrecen restaurantes, tiendas, paseos, bus, taxis, etc. Es verdad que ellos ofrecen todo lo que ellos saben que nosotros, los turistas, necesitamos porque, como todos sabemos, Marrakech no es exactamente la ciudad más ordenada a nivel de transportes que conocemos, entonces, es natural, que algunas veces tengamos que rendirnos y buscar ayuda para hacer alguna excursión fuera de la ciudad. Ya lo he dicho unas cuantas veces y repito: Son experiencias que, si en un principio nos causan miedo o incertidumbre, al final siempre todo sale bien y en nuestros recuerdos traemos lo bueno del viaje.



Por: Ivy Silva
Cuando leo algo del tipo: “Los marroquís son pesados, te engañan, etc…” Me da mucha pena, porque lo que escribimos, es leído por otras personas y mucha gente acaba aceptando un comentario de este tipo, como una opinión segura y acaba llegando a la ciudad con una especie de armadura, dispuestos a defenderse de todo y de todos. Pero, hay que acordarse de que viajar no es solo estar en un confortable hotel de alguna red internacional con visitas guiadas incluidas. Viajar también es conocer lo que está fuera de las guías, es caminar por calles que no tienen componente turístico, es mezclarse con la gente e intentar entender sus costumbres, sus valores y sus problemas…

 Llevábamos ya varios días en Marrakech y decidimos acercarnos a Essaouira, que es una ciudad de playa a unos 180 km. Contratamos el taxi por medio del Riad, lo que nos dio mucha tranquilidad, pagamos el precio sugerido por el hotel sin tener que preocuparnos de nada más. Al día siguiente, aunque hubo un pequeño problema con los asientos ocupados, Mohammed, el responsable del Riad, solucionó todo en algunos minutos, con su eficiencia y seriedad de costumbre, y otro taxi nos llevó, con otras 8 personas, a nuestro destino.
Aquí tengo que hacer una pequeña parada para dividir un pensamiento…

En el primer momento que uno llega a Marrakech - que es la ciudad más importante de las llamadas “cuatro ciudades imperiales de Marruecos”- notamos que hay muchas mejoras en la comunicación por carreteras); el aeropuerto ha incrementado muchísimo el turismo (en 2010 Marrakech atraía 2 millones de visitantes), los hoteles están por todas las partes y para todos los gustos; aunque la ciudad sea muy popular entre los franceses que, en muchos casos han comprado sus casas de veraneo allí (moda lanzada seguramente por los famosos diseñadores Yves de Saint Laurent y Jean-Paul Gaultier), no nos olvidemos de que la población es pobre, en 2010 había 20.000 viviendas sin agua ni tampoco electricidad… Contrastes…
Volviendo a nuestra excursión…

Cuando estábamos en la carretera, pasamos por algunos pueblos a las afueras que, como en todos los lugares, notábamos, sin lugar a dudas, que nos alejábamos del centro urbano; por la escasez de monumentos y edificios sin el característico color ocre de la zona de la muralla. Notaba menos prisa, menos alegría, menos vida… Menos trabajo. Creo que esa fue la conclusión más marcante, a nivel social, que tuve en este viaje: Hay muchas personas sin trabajo. 


  En un viaje que duraría más o menos dos horas y media, y por la carretera yo observaba la lejanía que había entre un pueblo y otro. A cada kilómetro iba notando el cambio de paisaje y de actitud de las personas… En Chichaoua hay un mercado que aún da la vida al pueblo pero, en Sid L Mokhatar la cosa cambia totalmente… Sentí una especie de inquietud al mirar aquellos hombres: Adultos, parados, sentados o tumbados cerca de las zarzas, como si estuvieran esperando algo… Me daba la sensación de que día tras día esperaban algo de la carretera que no llegaba nunca, rostros surcados por el tiempo, por el sol, por la vida ingrata que llevaban. No sé si esperaban una noticia, una persona o un trabajo. Pero me daba la sensación de que la carretera les tranquilizaba y era su compañera en esta larga espera y por el estado aplastado de la hierba a su alrededor y del color de sus chilabas, creo que estaban y estarían esperando allí muchos días aún… El calor, la soledad, la lejanía me inquietaba… 

Casas blancas,casas ocre: contrastes. Foto: Ivy Silva.
Un pueblo lejos de todo en medio de la nada, que tiene como vecino el desierto y la carretera que, un día quien sabe, les traerá lo que tanto esperan… ¡Ojalá! ¡Ojalá!.  Esos hombres encuentren su camino… Esa excursión para mí ha sido una dura experiencia que, como en el Camino de Santiago, en su silencio, me ha hecho pensar en todo y en todos…



 El viaje seguía por el largo y caluroso desierto mezclando, en algunos momentos, algo de tedio, pensando en todo lo que había visto y sentido pensaba si en algún momento aquella sensación de abandono daría vida a algo nuevo para aquel pueblo… En estos pensamientos estaba, cuando, de la nada, ¡vemos unas cabras encima de un árbol! El chofer paró el coche para que pudiéramos ver de cerca aquella imagen tan graciosa: Las cabras estaban buscando “el oro de Marruecos”, el “elixir de la juventud”: ¡El cotizado Argán! Que para ellas nada más era que un delicioso y apreciado manjar. Era una imagen singular y que la verdad nos daba mucha alegría ver después de tanto tiempo en el coche.

Cabras en el árbol de Argán. Foto: Ivy Silva.
Después de más de dos horas y media llegamos a Essaouira y lo primero que hizo Yago fue correr por la playa ¡Y meter los pies en el agua! Essaouira es una bellísima ciudad costera al norte del cabo Sim. Tiene una medina que es Patrimonio de la Humanidad desde 2001, las personas allí viven básicamente de la pesca, industria textil y alimentaria. El gran jefe de la economía es el comercio de joyas, marquetería y artesanía.

Es un pueblo con encanto: Es como una perla en medio el ocre desierto.  No sé bien cómo explicarlo pero su gran muralla, sus calles, la plaza Mulay Hassan con su caserío blanco, la fortaleza con sus cañones (que en 2012 fue el escenario del más que famoso Juego de Tronos)… Todo me parecía un bello cuadro que tenía como marco el mar, el precioso y frío Atlántico.

Vistas desde La Fortaleza de Essaouira. Foto: Ivy Silva.
Caminaba por aquellas calles llenas de color, miraba las paredes blancas de las construcciones, sentía el olor de aquella exótica ciudad y casi todo me hacía recordar Marrakech, pero la brisa del mar me despertaba y me enseñaba otro maravilloso pueblo que estaba teniendo el honor de conocer…


Essaouira es como una pequeña y blanca Marrakech; es precioso caminar por sus calles y estar en medio de las personas escuchando sus conversaciones e intentos de hacer negocios. Caminar hasta la fortaleza y mirar el horizonte; añorar la familia que se encuentra después de la línea del horizonte, escuchar el ruido de las olas que modelan las rocas, notar el mar que da la vida, en todos los sentidos, a esta bella y pequeña ciudad…
Mágica sensación que nos produce estar en una tierra con una cultura totalmente distinta a la nuestra… Siempre me acordaré de la misteriosa llamada de la Torre de la Koutoubia, de los aromas y colores del Zoco, de los preciosos mosaicos de los palacios, del delicado Jardín Majorelle, el calor de La Menara… Siempre me acordaré del color de la ciudad, sus callejones, sus plazas, su ruido.

Mercado de Essouira. Foto: Ivy Silva.
Me acordaré siempre del momento de nuestra llegada, las dudas y los miedos. Siempre me acordaré de la seriedad y competencia de Muhammad en el Riad y de los paseos de Abdoul, el cocinero, por el mercado que con tranquilidad y siempre con una sonrisa, elegía los frescos ingredientes de la cena… Son detalles, yo lo sé, muy particulares, que he captado en este viaje, que no sirven para estar en una guía y no ayudan a nadie hacer un viaje mejor, pero son esos pequeños detalles los que se quedarán para siempre en mi mente, alimentando mi corazón de sueños y deseos de un día poder volver a esta encantadora ciudad llena de contrastes…

Ivy Silva


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