No pretendo ser el más veloz,ni el más técnico. Sin cuentakilómetros. Únicamente disfrutar de mi bicicleta,los lugares recorridos y poder mostrarlo al mundo.
Dos Pedales: rutas largas por la naturaleza y la historia. Rutas por la Comunidad Valenciana y Galicia (España), también Baden Württemberg y Bayern (Alemania)...

15/7/15

Corazón peregrino y viajero: Marrakech parte II: Contrastes

Por: Ivy Silva
 Hablaba de los contrastes que he encontrado en Marrakech…
Marrakech es una ciudad muy plana lo que para los turistas facilita mucho el caminar y poder contemplar a lo lejos el majestuoso Monte Atlas y su bella “corona” nevada. Los edificios en la ciudad no son de gran altura por eso las vistas panorámicas son siempre muy admiradas y aprovechadas por todos los que la visitan. Una construcción que se destaca por su altura, belleza y simbología es la, gran e imponente, torre de la mezquita más importante de Marrakech: La Torre de la Koutoubia.


En el Zoco de Marrakech. Foto: Turi.
 Su construcción se inició en 1.141 por el califa almohade Adb al Mu-min, y fue terminada en 1.158. Tiene 69 metros de altura, es conocida como el techo de Marrakech y se destaca por su alto minarete (que recuerda la Giralda de Sevilla).
Cuando empieza la llamada de la oración, no hay una persona en la calle que se haga el sordo: Todos los hombres se ponen de rodillas en dirección a la Meca y con la cabeza en el suelo, hacen sus oraciones con devoción. Su llamada es impresionante y de un momento a otro todas las mezquitas más pequeñas empiezan a “contestar” a esa llamada y es como si se iniciara una misteriosa conversación… Y la voz que canta parece querer que todos los que están allí se emocionen, ¡y la verdad es que emociona! 

Torre Koutoubia. Foto: Ivy Silva.

En Marrakech hay que estar algunos días para poder disfrutar con tranquilidad de las visitas a los bellísimos palacios y jardines que están por todos los lados como: 

Palacio Bahia, Medersa Ben Youssef (la mayor madrasa de todo Marruecos), Tumbas Saadies, Palacio Badi (del que solo quedan ruinas pero se nota la imponencia del que hace mucho tiempo era conocido como El Incomparable), Los Jardines de Majorelle, los Jardines de Menara, el Palmeral de Marrakech (con más de 100.000 palmeras) y por supuesto: La Plaza de Jamaa el Fna y toda su “inquietud urbana” que no deja a nadie indiferente.

 El texto se llama Contrastes y sí, hay muchos contrastes por allí y a mí me gustaría poder traducirlos en palabras pero la verdad es que es imposible porque las sensaciones que provocan en nuestra mente esa ciudad son algo incomprensible si no estamos caminando por sus calles y sus rincones más secretos…

Hablando de rincones, después de caminar por las calurosas calles del centro de Marrakech, nos adentramos al Zoco: El Zoco es un mundo de sombras y colores, un contraste impresionante salir de una temperatura de más de 35 grados y entrar en una calle cubierta por cañas y telas que nos produce, inmediatamente, una sensación de confort: La protección del sol, la sensación de ya no sentirse como un alacrán del desierto, una especie de oasis multicolor que nos abriga y nos invita a mirar, a sentir, a probar todo lo que podemos encontrar a la venta dentro de aquel rústico y encantador “centro comercial”.

Cientos de especias en el Zoco de Marrakech. Foto: Ivy Silva.
 En el Zoco podemos encontrar casi todo que queremos. O todo. Yo, todo lo que he buscado, lo encontré. Pero, además de comprar, hay que sentir el Zoco que es un lugar capaz de estimular nuestros cinco sentidos mientras caminamos por él: Los colores de los productos, los brillos y los contrastes de oscuridad y mágica luz… Los olores: En una misma calle los olores de cuero, perfumes, hierbas, especias e incienso te despiertan y a la vez te hacen soñar con los cuentos que podríamos escuchar en una noche, bajo una jaima en alguna duna del desierto.

El sentido del sabor lo encontramos en los dulces, panes, frutos secos, frutas y el té, que siempre somos invitados a beber… La sensación que nos da tocar los objetos más distintos que podemos encontrar, que muchas veces, en un primer momento, no es posible descifrar para que sirven y aun así nos llenan de curiosidad sus texturas y formas. En el Zoco tenemos la sensación de estar en el centro del Universo captando todos los idiomas posibles: Personas de todos los cantos del mundo se adentran a este especial sitio para hacer negocios, sea comprando un pendiente de plata o una producción entera de bolsos de piel para reventa.

En el Zoco te invitan a comprar (pero no de la manera que me habían dicho, que me agobiarían y me hartaría de escucharlos) te dejan ver, probar, examinar, querer… Es esa la palabra: Te hacen querer el objeto; y después de que tú ya lo quieres de verdad, ellos sencillamente rematan la venta enalteciendo el producto con sus palabras… ¡Es una especie de hipnosis, creo yo!. ¡Ah, el Zoco! Cuantos recuerdos… Cuantos productos, cuanta gente, cuanto misterio hay por detrás de cada pared… 

Hay también anécdotas como la vez en que un viejito (con su ojo malo tapado con un trapito) ofrecía humildemente unas espátulas de madera y nosotros pensamos que era un mendigo y cogimos la espátula que él, tan “humildemente enseñaba”, y cuando Turi, lleno de simpatía y piedad, le dio 1 euro el hombre nos decía en árabe algo, pensábamos que él decía que era mucho dinero (si, esas cosas que la humildad es capaz de hacer), pero no, un vendedor de un puesto de telas escuchando la conversación nos hizo el gran favor de traducirlo: 

¡El viejito decía que dicha espátula valía 3 euros y le faltaban dos! En fin, como ya estábamos atrapados y entre un “No quiero espátula” y “Te la dejo por 2 euros”, acabamos saliendo de allí con la sensación de que, no basta nuestra buena voluntad para ayudar al prójimo; hay que entender cómo el prójimo quiere ser ayudado…La verdad es que ha sido una experiencia bien divertida, cuando nos acordábamos de ella, ya lejos de allí.

Pero, no estamos soñando ni en un libro de cuentos y Marrakech tiene innumerables encantos pero también están los “pesaditos” que insisten en que tu compres donde ellos te indican, que quieren que tu comas donde ellos te enseñan, que te ofrecen “regalos” para que después tu compres lo que te digan

Foto: Ivy Silva.
 Por supuesto, eso no pasa en todos los sitios, pero cuando pasa muchas veces seguidas, ya cansa un poco, aunque también hay que entender que hay mucha gente en la ciudad, en Marraquech hay un nivel de analfabetismo y desempleo brutal, es casi comprensible que haya tanta disputa para conseguir “tener” un turista y a través de ello ganar algún dinero...
 
Es el Zoco también están los famosos “guías que te hacen perderte”, esos guías tienen una especie de “ego-súper-héroe” donde ellos piensan que sin ellos tu no llegarás a ninguna parte. Que nadie cometa el error de preguntar a uno de ellos: “Por favor, donde es…”

A nosotros nos ha pasado y estoy segura que hemos dado una bella e inútil vuelta guiados por una persona que no conocíamos de nada y que nos ha hecho hacer un tour por calles del tipo: “Si no estás en mi compañía, no estarías seguro.” En fin, cuando hemos decidido acabar con aquel paseo sin sentido, para librarnos del “guía”, él nos ha pedido dinero y se enfadó cuando lo que le dimos no le agradó.

Hubo unos segundos de tensión, pero creo que el hombre no era tan tonto para hacer nada malo con nosotros, pues, seguramente las leyes por allí están siempre más a favor de los turistas que de la propia población… La verdad es que hemos sido unos tontos en aceptar la “ayuda”. Cosas que se aprenden y la próxima vez ya no nos pasará…

¿La próxima vez?

Por supuesto… A Marrakech hay que volver: Son aventuras, anécdotas, tensión y encantos por todos los rincones donde pasamos. Hay que volver para sentirnos, como he sentido yo, el miedo de las cobras en la plaza de Jamaa el Fna, sus puestos de frutas y zumos de naranja (donde los vendedores siempre piensan que te olvidarás del cambio…) y sus flautines que nos dejan aturdidos, ver las centenas y centenas de personas que pasan por allí de día y de noche, deambulando, con algún destino o no; hay que volver a Marrakech para sentirnos más seguros, para reírnos de situaciones difíciles que hemos pasado en la primera y que, ciertamente, podríamos haber evitado...

A esta gran y mágica ciudad hay que volver para caminar, reír, observar, vivir y sentir en la piel esa energía que viene no sé de dónde pero que, seguramente, se quedará en nuestra memoria para siempre.


Ivy Silva


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