No pretendo ser el más veloz,ni el más técnico. Sin cuentakilómetros. Únicamente disfrutar de mi bicicleta,los lugares recorridos y poder mostrarlo al mundo.
Dos Pedales: rutas largas por la naturaleza y la historia. Rutas por la Comunidad Valenciana y Galicia (España), también Baden Württemberg y Bayern (Alemania)...

9/10/14

Corazón peregrino: En el Alto del perdón

Vuelven los escritos sobre el Camino de Santiago de nuestra colaboradora y peregrina Ivy Silva. 
Cada 15 días un nuevo texto!!!


En el Alto del Perdón

Por: Ivy Silva
Después de caminar por un sendero solitario en una mañana de inicio de primavera, llegué al alto del monte y retiré la mochila de la espalda.

“Donde se cruza el camino del viento con el camino de las estrellas.”

Trece palabras… Creo que también unos trece minutos, más o menos, me quedé allí mirando aquellos peregrinos con sus capas de tono marrón oxidado; miraban el horizonte como yo: Compañeros del Camino que miraban, impasibles, la lejanía.

Pregunté al señor, que iba más adelantado, si ya había hecho el Camino alguna vez, pues noté que las vieiras de su manto estaban bastante desgastadas; con una mirada sabia, me contestó que sí, que una vez llegó hasta Compostela. Había vuelto a su casa y recibido sus gracias, pero, miró al cielo con una mirada nostálgica, y me dijo que, años más tarde, en la segunda tentativa había contraído la peste… Y había sido enterrado muy lejos de su familia, cerca de una iglesia en O Cebreiro. Me dijo que le gustaba estar allí en aquel monte porque desde aquel punto podía ver los Pirineos, que habían sido su primer desafío en el Camino y que a sus pies, del otro lado de las montañas, era donde había estado su casa… Su mirada volvió al horizonte y todo se quedó en silencio…

Un aire frío tocó mi rostro y olvidando, o queriendo olvidar, mi soledad, me volví a los otros peregrinos de distintas edades y como un toque de magia, mis ojos captaron la mezcla de curiosidad y recelo cuando, con cariño, me acerqué al jumento que llevaba una carga enorme y le acaricié el hocico: Pensé en mi mochila que estaba en el suelo y deseaba que él también pudiera aliviar su lomo… Al perro le di un cacho de queso que había en mi bolsillo y una de las mujeres me sonrió. Noté que al caballo le había picado una mosca y la herida tenía mala pinta. ¿Llegaría él al destino de su dueño? Y sin él ¿Su dueño seguiría adelante? El aire fresco seguía y parecía querer aumentar; sujetábamos nuestros pañuelos para que no volaran…

Ilustración: Ivy Silva
Me llamaba la atención la pareja a caballo: ¿Estaría ella embarazada y buscaba un milagro del Apóstol? ¿Porque su caballo estaba tan tenso? ¿Sería este su marido o algún siervo dedicado que la acompañaba? Misteriosos viajeros que muchas veces encontramos en un mismo camino, aunque sea por distintas razones…

Las preguntas surgían en mi cabeza y mis ganas de saber más y más sobre aquellas personas aumentaba tanto como mi sensación de soledad.

La mujer mayor caminaba hacia mí mirando inquieta de un lado a otro y casi en un susurro me advirtió: ¿Tienes agua? Guárdala con cuidado, niña. Estate atenta: Hay por aquí un demonio, que se hace pasar por garboso joven. Te pedirá para que renuncies a Dios y a la Virgen. Guarda el agua para momentos difíciles hija mía… Seguía mirando de un lado a otro como si estuviera buscando algo, o a alguien… Se apartó apretando con fuerza el nudo de su pañuelo, después se bendijo y fijó, inmóvil, sus ojos en el horizonte.

El chico que iba en el burro miró hasta mí, se acercó y en un impulso me dijo: “El demonio no vendrá porque Santiago ya lo expulsó hace mucho tiempo. Has llegado hasta aquí; acepta tu perdón y sigue tu destino.” Después miró al cielo y sin más fue en dirección al grupo, que despacio, se marchaba…

Seguí su mirada y vi que se formaban nubes oscuras, me acordé que aún no había comido nada, me senté cerca de las piedras, abrí mi mochila y saque unas rosquillas que había comprado en Pamplona y mientras las comía con agua, pensaba si todo aquello había pasado realmente o era fruto de mi cansancio…

Cuando terminé de comer, no sé porque, me puse de rodillas y miré al cielo:
“Perdóname Señor por estar aquí sentada, sintiendo el aire en mi rostro; por estar viendo los dibujos que las nubes forman alrededor de las montañas y sentir el olor de las flores del campo en mi nariz. Sé que debería estar caminando pero hay momentos en que mi corazón pide que yo pare. Perdón por sentir cansancio, hambre y sed y tener que parar, aunque llegue más tarde que los otros peregrinos. Perdón porque no soy ni puedo ser como las personas santas que por esos senderos han encontrado su sufrimiento y su luz. Perdón, pero muchas veces aún tendré que sentarme en medio de una tarea, no por pereza, pero si, para poder disfrutar de la magnitud de tu obra, porque sé que, aunque llegue más tarde que los demás, seguiré siempre siendo una peregrina en busca de mí Camino.”

Al terminar mi inesperada confesión, observé que una niña muy guapa vestida de marrón me observaba; sonrió y se fue al encuentro de su padre que la aguardaba, después los dos siguieron en dirección a la comitiva que parecía tener prisa. Yo acompañaba su “movimiento” y pensaba si todo aquello había pasado o era fruto de mi imaginación… Pero seguía sin saber que contestarme…

Miré al monumento del peregrino y vi aquellas siluetas con los peregrinos de varias épocas que como una brújula indicaban la dirección a Santiago de Compostela:

Hechas de chapas de hierro oxidadas, pesadas y frías: Tan pesadas como el proprio dolor de quién, muchas veces cruza el Alto del perdón…

Ivy Silva





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