No pretendo ser el más veloz,ni el más técnico. Sin cuentakilómetros. Únicamente disfrutar de mi bicicleta,los lugares recorridos y poder mostrarlo al mundo.
Dos Pedales: rutas largas por la naturaleza y la historia. Rutas por la Comunidad Valenciana y Galicia (España), también Baden Württemberg y Bayern (Alemania)...

5/6/14

Corazón peregrino: Miedos

Interesante texto de nuestra colaboradora Ivy Silva,como cada jueves.

                                                                                                                                  Miedos
Por: Ivy Silva
Todo en la vida tiene su primera vez, y las dudas, las ansiedades y el miedo a lo desconocido ocupan muchos minutos de nuestra existencia en cada nuevo descubrimiento que hacemos. 

La primera vez que recorrí el Camino Portugués, fueron algunos meses de preparación y preguntas que simplemente no tenían respuesta: Habría que aguardar a los acontecimientos con toda la paciencia posible.
Mi primer momento de miedo ya lo sentí en el aeropuerto, ya que eran tiempos difíciles: Había una especie de xenofobia con las personas que venían desde Brasil donde, nosotros pasajeros,  corríamos el riesgo de hacer un viaje de 10 o 12 horas para llegar a la Península Ibérica y tener los documentos confiscados y ser mandados de vuelta a nuestro  país sin ninguna razón más que una burocracia inhumana que trataba a los de allí como objetos que podían ser “enviados de vuelta” más o menos como a un paquete que le faltaba un sello. (Por cierto, hoy las cosas han cambiado y los pasajeros procedentes de mí país no tienen tantos problemas al emprender un viaje como ese).
A lo que iba,  los miedos, ¡ah! Los miedos… Cuando yo estaba en Oporto, lista para empezar a caminar, después de alegremente sellar mi credencial en la Sé Catedral, me encaminé  a mi primera, digamos así, “calle oficial” del Camino: Rúa Escura (Calle Oscura). Para ser bien sincera, “buena onda”, no me dio, porque como peregrina iniciante, esperaba un nombre más animador (cosas de Ivy, cosas de quien no tenía la menor idea, hasta entonces, de lo que era un burgo medieval de verdad). Buen presagio o no, el inicio de mi camino fue “coronado” con más calles con nombres raros, para mí en aquel momento, como Rúa dos Mártires por ejemplo… Bueno, para que yo me alegrase un poco, pase también por la Rúa das Flores (¡Nada mal!). 
Olvidando nombres de calles, el miedo me ha surgido de verdad cuando tuve que cruzar la Vía da Circunvalação que tiene un nombre complicado pero el tráfico es bastante peor y aunque teniendo semáforos me daba mucho miedo cruzarla. Y tampoco sentí menos miedo (la palabra de hoy es miedo, creo que ya lo han notado) al llegar a N-13, una carretera de tráfico intenso y de alta velocidad, donde nos olvidamos por completo de la bella imagen que nos había dejado el puente romano de Barreiros, que cruza por el río Leça. 
En los polígonos industriales el miedo inicial se transforma en atención a cualquier movimiento raro, ruidos en el bosque, una persona que paraba lo que estaba haciendo para verme pasar, un coche que disminuía la velocidad y me quedaba tan tensa que  mi estómago daba vueltas… (Para que entendáis mi situación, lo que describo aquí es la experiencia de una iniciante y solitaria peregrina, en un camino también solitario, por ser una ruta menos frecuentada en el inicio de Marzo).  
Ya en Tui, hoy me acuerdo de ese día como si fuera una broma,  yo caminaba por el casco antiguo, cerca de la catedral, cuando descubrí que el albergue se quedaba exactamente en la parte trasera de la misma, miraba ensimismada, buscando la entrada, cuando  un señor que estaba en la puerta de una tienda me dijo, casi chillando:
“¡Peregrina!”
Mire para todos los lados para confirmar si se refería a mí, casi petrificada por el susto, no esperando que nadie hablara conmigo constaté, que sí, que era conmigo con quien hablaba, me quedé parada mirando y él me dijo:
“Estás buscando el albergue, ¿eh? Pues voy llamar para que te abran la puerta.” Y en el mismo momento, con su móvil, llamó a alguien. Le di las gracias, tímidamente, pensando que nada parecido me había ocurrido hasta entonces, y (sentía que “él” el miedo, ya se acercaba a mi otra vez) Me quedé donde estaba y no entendía porque aquél hombre se había  preocupado en buscarme a alguien para abrir el albergue; una tontería por mi parte, que repito, ocurrió por mi falta de experiencia en el Camino. Pasados unos minutos, casi nada, aparece otro hombre en una “Vespa”, saluda al señor mayor, que sigue en la puerta de la tienda mirando todo, y abre la gran puerta del albergue, entra me enseña donde está la llave de la luz y se va sin más. 
Me quedé unos minutos aturdida, pensando que él no me había dejado la llave, que yo no podría cerrar la puerta por dentro, que yo estaba sola,  que aquellos hombres podrían volver en cualquier momento, en fin, un mar de malos pensamientos creados por un miedo al desconocido que tomaba forma y ya casi podría ser tocado… La noche que pasé allí, era de risa: No encendí la tele para que no hubiera ruido, limpié todo el albergue (sin necesidad porque estaba limpio) para distraerme y después decidí (no es broma) “esconderme”, por si acaso entrase alguien y con mi toalla colgada en la litera, formando una cortina, me quedé en vela casi toda la noche atenta al más mínimo ruido… 
Es lamentable cuando uno sale de su casa y no está aún preparado para recibir lo que el Camino nos dona, nos regala en las actitudes de los verdaderos hospitaleros. (¡Un día también tendré que volver a Tui e intentar encontrar a este señor para contarle esa mi triste hazaña!).
¿Debería contarles que en este mismo camino yo pensé, con pánico, haber encontrado el propio espíritu de Quasimodo en un tramo de bosques y que cuando llegué, rezando, más cerca vi que era un peregrino cojo por las ampollas y que llevaba puesto un chubasquero por encima de la mochila que me parecía su joroba? No, mejor no, ¿verdad?
Hoy sé que la falta de experiencia puede transformar una lagartija en un dragón y, esto sí, se quedó clarísimo para siempre en mis Caminos a Santiago… ¿Una lección para la vida?: Caminar, vivir y aprender (sin miedo) con el Camino y su increíble universo peregrino.
 Ivy Silva


1 comentario:

  1. Lo desconocido para el ser humano al salir de su cercano entorno es inherente a la especie,siempre encontraremos telas de araña en amplios espacios de Luz creadas por irreales prejuicios nacidos en sociedades cerradas y conservadoras,las nuestras,mas si se es mujer y va sola,aunque en algunas situaciones la buena intención viaja disfrazada de las formas menos esperadas.El viaje sin experencia previa es mas gratificante que preparado a escala humana.Caminar,caminar hasta encontrar belleza escondida entre la maleza.

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