No pretendo ser el más veloz,ni el más técnico. Sin cuentakilómetros. Únicamente disfrutar de mi bicicleta,los lugares recorridos y poder mostrarlo al mundo.
Dos Pedales: rutas largas por la naturaleza y la historia. Rutas por la Comunidad Valenciana y Galicia (España), también Baden Württemberg y Bayern (Alemania)...

12/6/14

Corazón peregrino: Cuando abrí los ojos del alma

              Hoy Ivy Silva nos lleva por los misterios de la Fortaleza de Valença do Minho en Portugal.

       
 
Por: Ivy Silva
                               
 Cuando abrí los ojos del alma

Un escalofrío hizo temblar todo mi cuerpo mientras mis dedos rozaban delicadamente la pared del túnel de piedras oscuras que me llevaban para dentro de la Fortaleza de Valença do Miño; un escalofrío que me llevaba despacio a reconocer aquellas piedras que yo jamás había visto antes… A cada paso que me adentraba y sentía como si ya conociera aquél lugar…
Ya eran las dos de la tarde, el cielo seguía gris, pero en algunos momentos, el azul surgía como para observar lo que ocurría allí abajo, sonreía y volvía a cerrar su ventana. Por las calles poca gente caminaba; creo que por la hora, no sé, era un martes y ese día por lo menos, las personas no estaban allí.
Los pocos habitantes que encontré, estaban en sus tiendas haciendo sus labores y para nada les interesó mi presencia por aquellos rincones oscuros. 
Mis pasos seguían sin un sentido lógico, intentaba descifrar lo que había sentido en la entrada, pero no encontrada explicación, miraba los viejos edificios y me preguntaba si los reconocía, no, la respuesta era siempre no; nunca había salido de mi país, ¿Cómo podría reconocer aquel sitio? Las pocas tiendas que estaban abiertas empezaban a cerrar sus puertas y a cada momento sentía que la soledad sería mi única compañía. Seguí caminando sin rumbo por las  estrechas calles, pensando lo que me había pasado. Un aire fresco acarició mi rostro cuando me asomé a la muralla y, casi sin poder respirar por la emoción, me encontré con las vistas del Rio Miño, serpenteando por la vegetación con su caudal grisáceo reflejando el cielo con su mismo matiz: Me gustaría haber podido pintar una acuarela con aquel paisaje, me habría gustado tener un lápiz y papel para describir lo que veía, tener una cámara fotográfica para eternizar aquél momento; pero no tenía nada… 
Que difícil había sido llegar hasta allí… Pero, yo no podría ni me dejaría entristecer por las pocas condiciones que tenía, en aquél preciso momento, decidí grabar en mi mente y en mi corazón todas las sensaciones que el Camino me ofrecía, porque era la única forma de poder almacenar toda aquella gran y única experiencia de mí vida. Seguí mirando el Miño, seguí mirando el otro lado del río: en pocas horas, con mis pocos recursos y con mí coraje, ya estaría en otro país.
Volví sobre mis propios pasos en dirección a una calle donde había una iglesia, estaba con las puertas cerradas pero decidí quedarme allí, en el pórtico, esperando hasta que alguien llegara para sellar mi credencial. Pasados unos minutos, una pareja pasó por mi lado, subió el escalón y entró en la iglesia (la puerta estaba abierta y me acordé de una leyenda antigua que dice: las puertas están siempre abiertas, pero necesitamos girar el pomo para poder pasar). En el mismo momento, entré también y como apenas quería mi sello pensé que podría tenerlo en un momento, pero la pareja ya tenía cita con el párroco y yo tuve que esperar. Caminé unos pasos por dentro de la iglesia, y las maderas del suelo crujían, preocupada por no molestar, decidí quedarme sentada. Empecé a mirar y noté que era una iglesia con mucha luz, tenía unas ventanas altas que proyectaban una claridad intensa y me acordé que fuera el día estaba nuboso y allí dentro, aquella gran luz, me parecía algo curioso… 
Seguí mirando y vi la pila bautismal: una gran concha que estaba a mi izquierda. Luz: la luz estaba presente; se hacía presente. Sentada allí, sola, noté que la misma sensación que tuve al entrar en la fortaleza volvía a cubrirme de una especie de euforia silenciosa, como un campo de trigo que se transforma en olas del mar cuando el viento mueve las doradas espigas… Una sensación de inmensa paz me quitó de la visión los detalles que había dentro de la iglesia, mis ojos se empañaron en lágrimas que brotaban como un manantial recién descubierto, lágrimas que no eran de felicidad, tampoco de tristeza, eran de silencio,  de abandono, lágrimas de intensa paz… Cuando las lágrimas dejaron de caer me quedé allí sentada, con una sensación que nunca había sentido antes. 
Después de casi media hora dentro de la iglesia, (su nombre era Santa María dos Anjos), me puse la mochila y empecé caminar en dirección a la puerta, miré una última vez alrededor y sentí que la luz ya no era tan intensa como cuando yo había entrado, impresión o no, sabía, sentía que algo allí había pasado, algo muy especial había pasado en aquél silencio acogedor. Seguí en dirección a la salida de la fortaleza, otro túnel me llevaba al Camino que seguía al lado del río, ya podía ver el puente de hierro y con una sonrisa caminé más deprisa:
Tenía que seguir, tenía que cruzar la frontera que separaba los dos países, una frontera que separaba la vida que había vivido hasta entonces y toda la magia y felicidad que me esperaba de allí en adelante…

Ivy Silva

1 comentario:

  1. Tienes el don de escuchar tu cuerpo y detectar las sensaciones ...acojer los momentos de dfelicidad...cuando la luz se hace presente en tu alma, la acojes, por eso luego el contorno es mas suave..has cojido la luz dentro de tí:-)

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