No pretendo ser el más veloz,ni el más técnico. Sin cuentakilómetros. Únicamente disfrutar de mi bicicleta,los lugares recorridos y poder mostrarlo al mundo.
Dos Pedales: rutas largas por la naturaleza y la historia. Rutas por la Comunidad Valenciana y Galicia (España), también Baden Württemberg y Bayern (Alemania)...

1/2/14

Corazón peregrino: Un ángel en el camino Portugués.

Con algo de retraso por problemas técnicos nueva entrega de Ivy Silva.


 Por: Ivy SIlva
                               Un ángel en el Camino Portugués

Aún no estaba acostumbrada con el clima del norte de la Península Ibérica; me parecía una primavera demasiado lluviosa donde los instantes sin lluvia no me daban tiempo para secar mi ropa de algodón, nada práctica para aquella época del año en Galicia. “Peregrina de primer viaje” era lo que yo me nombraba a cada, difícil, kilómetro caminado. 

Un poco desanimada después de no haber encontrado refugio en Caldas de Reis, donde lo único que me calentaba el corazón era el recuerdo de aquella niña que me acompaño por las calles llenas de charcos de barro, en busca de algún lugar donde yo pudiera pasar la noche, ya que el albergue estaba cerrado. Desde luego no entendía por qué el “espíritu peregrino” dejaba de acompañarme por aquel pueblo. Ni una iglesia, ni un polideportivo para descansar… Aquél era mi veredicto: Seguir caminando. Aun estando cansada y empapada. Me despedí de la niña y caminé hasta la fuente de agua termal, donde me quedé sentada en el lavadero esperando la lluvia pasar. 

El agua caliente me hacía pensar ¿que estaba yo haciendo allí? Por qué uno sale del confort de su hogar a más de 8000 kilómetros de distancia para deparar con frío, lluvia, cansancio, ropa mojada, en fin… ¿que era aquello?

No había otra alternativa, tenía que llenarme de ganas y seguir mi camino hasta donde hubiera algún abrigo. El desánimo me aturdía. Por más de una vez pensé en desistir, pero a la vez me decía que no; que ya faltaba menos y debería seguir adelante. Por los pueblos y bosques que yo pasaba ni pensaba en parar. Ya había tomado la decisión de llegar a Padrón sin más tardar y de Capilla a Rego dos Fornos seguí con ánimo renovado, pero en la subida de Carracedo ya no podía más. Me sentía sin fuerzas, sin ánimo, caminando sola hacía días, ya no querría más, estaba deprimida… 

La lluvia había parado. Un tímido cielo azul deseaba tímidamente salir por entre las nubes grisáceas; miraba hacia atrás y veía lo que había caminado; puentes, valles, bosques, viñedos: ¿Que era todo aquello? Aquello era todo mí esfuerzo y aquella visión me daba ganas de andar y seguía unos pasos más. 

De repente, de un campo de cultivo salió una figura, un hombrecillo con una chibamca en el hombro, me vio y se quedó parado esperándome. Cuando llegué más cerca, me saludó con una sonrisa que dejó mi mochila 5 kilos más leve. Mientras subíamos la cuesta, él me dijo que estaba cuidando de su viñedo, quitando el agua que se juntaba entre las parras; él tenía 87 años, me preguntó de donde venía, como es que yo estaba caminando sola, porque había venido a caminar en España, donde había empezado, por qué yo caminaba, me dijo que se había encontrado siempre con muchos peregrinos, etc. Habló de sus tierras, sus uvas, su casa, sus hijas… Una cuesta que yo tardaría toda mi vida en subir, por mi falta de ánimo, se transformó en el mejor tramo de mi Camino Portugués. 

Cuando llegamos arriba, en O Campo, me dijo adiós y me deseó buen camino, sus ojos brillaban como los ojos de un niño que había visto a Santa Klaus… 

Hasta Padrón, yo tenía la certeza de que había encontrado mi ángel del Camino; aquél que no me ha dejado desistir, que ha hablado conmigo, haciéndome preguntas que yo misma no tenía las respuestas pero que contestándoselas a él, me contestaba a mí misma. Y yo, que no podía dar ni un paso más, después de este encuentro caminé 13 kilómetros más. 

Llegué a Padrón ya era de noche y así mismo pude entrar en el albergue, y desde allí, al día siguiente, sintiéndome descansada, viva y feliz, llegaría a Santiago de Compostela.

Su nombre era Don Isidro.


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